Las acciones de la Presidenta y la concentración de los medios en Chile

Las acciones de la Presidenta y la concentración de los medios en Chile

June 7, 2016/ By Nicolás del Valle Orellana, in Newspaper El Mostrador

Podríamos destacar cómo existe una correlación entre la concentración del control y la propiedad de los medios junto a la distribución de poder comunicativo que estos tienen. Mientras más concentrada está la comunicación en unos pocos grupos económicos, más poderosos en el campo de la esfera pública son estos consorcios.

Con la famosa querella de la Presidenta Michelle Bachelet contra los periodistas de la revista Qué Pasa se ha vuelto a discutir sobre libertad de expresión y el rol de la prensa en la discusión pública. Algunos, que no escatiman en críticas, tienden a leer la acción de la Mandataria como una restricción a la libertad de expresión del medio en cuestión; otros apuntarán a la responsabilidad periodística radicalmente inherente a los argumentos que defienden la libertad de prensa. Pues bien, precisamente lo que está en juego aquí es la segunda dimensión.

Por mucho que la acción política esté poco meditada y calculada de acuerdo al contexto adverso del Ejecutivo frente al debate político, lo cierto es que el conflicto no radica en los límites que un Gobierno le impone arbitrariamente a un medio de comunicación. Aquí, al parecer, la querella está motivada por un enojo humano y no premeditado que excede las estrategias políticas gubernamentales en su conjunto.

Además, la Presidenta tampoco está incurriendo en sus facultades ejecutivas para silenciar al medio; en vez de eso, se centra en una acción judicial que sea lo más cercana posible a lo personal, aun cuando en la realidad separar a la “ciudadana” de la “Presidenta” es imposible.

El hecho de que la querella sea presentada por la Presidenta como ciudadana contra los periodistas (y no el medio de comunicación), apunta en esta dirección. Quizás, el problema de la Mandataria puede ser una cuestión banal que devino una decisión errónea desde el punto de vista de la gestión política del Gobierno, pero lo que parece más interesante en esta controversia es el problema estructural que subyace en el debate.

Luego de la querella, los periodistas al unísono comenzaron una defensa corporativa del gremio, sosteniendo que es parte de la libertad de expresión, la libertad de prensa y la autonomía de la líneas editoriales, el poder oponerse y criticar al Gobierno. Llamativamente, varias de estas defensas han tenido que ser antecedidas por una advertencia –a través del ya siútico anglicismo “disclosure”: “Nuestro medio es parte del consorcio de medios en los cuales la revista en cuestión participa”–.

En efecto, revista Qué Pasa, junto a otros medios de la prensa escrita digital e impresa, como Ciper y La Tercera, participa de Copesa, mismo conglomerado del Grupo Dial donde se reúnen radioemisoras como Zero y Duna. Así, de pronto, la querella revela la concentración del sistema de medios chileno. De pronto, nos percatamos que todos los días en el mismo horario se transmiten dos programas de radio sobre política con líneas editoriales opuestas pero que son parte del mismo consorcio de medios de comunicación. Así, de pronto, creemos que nuestro sistema de medios es pluralista porque transmiten contenidos de líneas editoriales distintas, pero en el fondo son del mismo propietario, concentrando el poder económico y comunicativo.

En Chile los medios de comunicación son parte del dispositivo que produce la verdad pública, el que se encarga de hacer circular las opiniones, las informaciones y los conocimientos, a lo largo de dispositivos móviles, cuentas de Twitter, programas de televisión, videos en YouTube, o en el quiosco de la esquina en la portada de una revista de papel cuché. Esta cualidad de los medios de comunicación, que juega en todas las sociedades modernas y democráticas, se vuelve perversa cuando la voz de uno –de quienes más poder tienen– se vehiculiza a través de las plumas de columnistas y labios de locutores.

Si los medios participan de la discusión pública dándole forma, vehiculizándola, haciendo posible su masividad a nivel nacional, ¿por qué el juicio crítico de la ciudadanía no se ha dirigido al rol de los medios en la esfera pública? ¿Por qué la desconfianza hacia las elites no ha incluido a los medios, siendo que se caracterizan por una desenvolvimiento opaco, donde no se declaran las líneas editoriales cuando sí las hay, o donde se presentan como medios independientes cuando obligaciones políticas existen? ¿Por qué se sigue confiando en El Mercurio si se cuestiona permanentemente su nivel de lectoría y distribución impresa?

La desconfianza a los medios de comunicación puede resultar fatal, pero peor aún es la indolencia de las autoridades respecto a la regulación de los medios de comunicación en Chile. Hoy por hoy, donde nos preguntamos por el poder que tienen los grupos económicos sobre la política, cabe preguntarse acerca de sus influencias sobre las comunicaciones.

“De pronto, la querella revela la concentración del sistema de medios chileno. De pronto, nos percatamos que todos los días en el mismo horario se transmiten dos programas de radio sobre política con líneas editoriales opuestas, pero que son parte del mismo consorcio de medios de comunicación. Así, de pronto, creemos que nuestro sistema de medios es pluralista porque transmiten contenidos de líneas editoriales distintas, pero en el fondo son del mismo propietario, concentrando el poder económico y comunicativo”.

La concentración del financiamiento público de la publicidad en la prensa determinada por la circulación, significa siempre que está determinada por el nivel de concentración de la propiedad y el control de los medios de comunicación. Así, podríamos destacar cómo existe una correlación entre la concentración del control y la propiedad de los medios junto a la distribución de poder comunicativo que estos tienen. Mientras más concentrada está la comunicación en unos pocos grupos económicos, más poderosos en el campo de la esfera pública son estos consorcios. Y al mismo tiempo una correlación inversa entre concentración de los medios y pluralismo informativo. De este modo, la crítica a las acciones judiciales de la Presidenta contra los periodistas de la revista no debe traducirse en una defensa del gremio.

Esto último no porque el periodismo no sea un elemento fundamental en las democracias modernas y contemporáneas sino, por el contrario, porque para tener un mejor periodismo y una mejor democracia necesitamos de un sistema de medios más desconcentrado, tanto en la propiedad y el control como en el nivel del poder comunicativo de los mismos. Solo de este modo, los argumentos que se enarbolen no serán partisanos de la Presidenta, de un grupo económico-mediático o de un gremio particular, sino a favor del pluralismo informativo como principio democrático.

Convocatoria: Transformaciones de la esfera pública en Chile: pluralismo informativo, opinión pública y luchas sociales

Convocatoria: Transformaciones de la esfera pública en Chile: pluralismo informativo, opinión pública y luchas sociales

Llamado a propuestas de capítulos de libro

-Call for Abstract-

“Transformaciones de la esfera pública en Chile: pluralismo informativo, opinión pública y luchas sociales”

Nicolás Del Valle Orellana (coordinador)

Enviar resumen/abstract extendido (de hasta 1.000 palabras) antes del viernes 30 de junio de 2016 al correo electrónico publicaciones_facipol@ucentral.cl indicando en el asunto: Capítulo de libro “Transformaciones de la esfera pública en Chile: pluralismo informativo, opinión pública y luchas sociales”.

Este volumen analiza las transformaciones de la esfera pública en el Chile reciente de acuerdo a las relaciones entre las luchas sociales, la formación de la opinión pública y el pluralismo en los medios de comunicación. Este libro ofrece a los lectores la oportunidad de obtener un entendimiento amplio de las transformaciones sociales, políticas y culturales que han ocurrido en la esfera pública chilena desde comienzos del siglo XXI. Desde la participación de los movimientos sociales en la definición de la agenda política, pasando por la importancia de las encuestas en la producción de la opinión pública y la toma de decisiones políticas, hasta las nuevas dinámicas de la prensa y el periodismo. Se analizan críticamente las perspectivas convencionales sobre la comunicación y la política en Chile a través de reflexiones teóricas y análisis empíricos de la realidad contemporánea. En este contexto, el libro ofrece una aproximación analítica fresca sobre los conceptos, las prácticas y las instituciones políticas de la comunicación democrática.

La Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Central de Chile, invita a la comunidad académica a enviar propuestas que aborden los cambios recientes de la esfera pública en Chile a partir de la realidad de los medios de comunicación, la opinión publica y las luchas sociales en democracia.

La convocatoria estará abierta a la ciencia política, sociología política, comunicación política, periodismo y otras disciplinas que estudien la comunicación política como fenómeno. 

Algunos temas posibles a incluir son:

  • Cambios históricos de la esfera pública
  • Luchas sociales y el cambio de las agendas institucionales
  • Manifestaciones públicas y políticas de gobierno
  • Regulaciones del sistema informativo nacional
  • Instituciones, regulaciones y políticas públicas de las comunicaciones
  • La práctica del periodismo en el Chile actual
  • Nuevos medios de comunicación y periodismo ciudadano
  • El pluralismo en los medios: Televisión, radio, prensa escrita y medios digitales
  • Diversidad en los medios, libertad de expresión y participación ciudadana
  • Concentración de la propiedad y el control de los medios: mitos y realidades
  • Agendas noticiosas y consumo cultural: análisis de las audiencias
  • Industria cultural y esfera pública: el nuevo rol de los medios de comunicación
  • Usos de la información: prácticas, discursos y mercados culturales.
  • La formación de la opinión pública: medios, encuestas y líderes de opinión
  • Redes sociales y su impacto en la discusión pública.

Calendario

  • Viernes 30 de Junio:                  Envío de abstract extendidos (máximo 1.000 palabras)
  • Viernes 8 de julio:                      Comunicación de propuestas seleccionadas
  • Viernes 16 de Septiembre:        Entrega final de capítulo

Para consultas o dudas respecto de la presente convocatoria favor enviar un correo electrónico al coordinador Nicolás Del Valle Orellana a la dirección nicolasdelvalle.o@gmail.com indicando en el asunto: Capítulo de libro “Transformaciones de la esfera pública en Chile”.

Normas de colaboración para la colección de libros “Gobierno y Asuntos Públicos”

Los capítulos de libros deben seguir las siguientes normas de colaboración:

  1. El capítulo debe tener solo un título principal, sin subtítulos.
  2. El/los autor/es deben identificar su afiliación académica o institucional actual a pie de página, incluyendo el resumen biográfico de cada autor/es.
  3. El primer borrador debe incluir un resumen y abstract en español e inglés, con extensión máxima de 200 palabras.
  4. Los manuscritos no podrán exceder las 10.000 palabras, incluyendo referencias y notas al pie.
  5. El borrador y la versión final deben venir escritas en procesador de texto Microsoft Word.
  6. Papel
    » Tamaño carta/ papel 8 1/2” X 11”
  7. Tipo de letra
    » Times New Roman: 12 puntos.
  8. Espaciado
    » Texto a doble espacio y alineado a la izquierda, excepto en tablas y figuras.
    » Dos espacios después del punto final de una oración
  9. Márgenes
    » 2,54 cm en todo la hoja
    » Sangría: cinco espacios en la primera línea de cada párrafo
    » Las tablas no tienen líneas separando las celdas
  10. Los textos a pie de página deben ser de Fuente Times New Roman, tamaño 10, a espacio sencillo.
  11. Se aceptará como estilo de fuente la cursiva o itálica para palabras de origen distinto al del capítulo. Asimismo, no está permitido el uso de negritas o subrayado ni en símbolos, palabras, tablas o gráficos.
  12. Las tablas y las figuras tendrán títulos descriptivos. Todas las notas de las tablas indicarán fuentes inmediatamente debajo de las mismas. Los títulos de las columnas definirán claramente los datos presentados. Los gráficos y tablas serán en blanco y negro, por lo que no se recibirán imágenes en colores, en cuyo caso se deberá además incluir un archivo en formato Excel editable, que permita adecuar los tamaños y tipografías.
  13. Para citas en el cuerpo del trabajo y las referencias bibliográficas solo se utilizará la norma APA 6.0.
  14. Es condición para la publicación, que el/los autor/es ceda/n a la Universidad Central de Chile los derechos de reproducción. Para ello, deberán explicitarlo en la carta de presentación, tras lo cual deberá rellenar un formulario con sus datos y firmar un compromiso de cesión de derechos que será enviado de manera electrónica al correo publicaciones_facipol@ucentral.cl.
  15. Cualquier incumplimiento de las presentes normas de colaboración constituirá motivo para el rechazo del capítulo recibido.

Larraín y sus críticas al pluralismo informativo en TVN

Larraín y sus críticas al pluralismo informativo en TVN

19 November 2015/ By Nicolás Del Valle O. Newspaper El Mostrador

Si la preocupación respecto del pluralismo informativo fuese cierta, deberíamos ver a una UDI que luche por desconcentrar el control y la propiedad de los medios en Chile, deberíamos ver un senador Larraín que luche por paneles políticos donde se incorporen a panelistas que no provengan de dos bloques políticos que ya poco representan a la sociedad chilena.

Según lo publicado en El Mostrador, el senador Hernán Larraín envió una carta al presidente del directorio de Televisión Nacional de Chile,TVN, Ricardo Solari, expresando sus molestias por cierto sesgo ideológico contra su colectividad en los programas políticos como ‘Estado Nacional’, la edición central del noticiario ’24 horas Central’, y la sección de educación cívica del matinal ‘Buenos Días a Todos’. Básicamente los argumentos son relativos al tratamiento periodístico de TVN sobre su partido político. Este malestar fue expuesto por el senador Hernán Larraín, primero, en el programa de discusión política ‘Estado Nacional’ y, luego, a través de la mencionada carta. Según el parlamentario, TVNestaría “faltando al valor del pluralismo, la democracia, la paz y la información objetiva.”

En la misiva enviada al presidente del directorio, se hace eco de la tesis que soterradamente se ha comenzado a elaborar desde la tienda de ultraderecha, que sostiene que la credibilidad del partido se ha visto afectada en la opinión pública debido al tratamiento mediático de los sucesos de corrupción en el que se han visto envueltos parte de los personeros de la UDI. Esto, sostiene Larraín, puede ser corroborado en las clases de educación cívica dictadas por el abogado Patricio Hidalgo en el matinal de TVN. En palabras del parlamentario, “bajo la excusa de la educación cívica, el programa se hizo parte de burlas e insinuaciones ofensivas hacia la actual Constitución Política de Chile y a nuestro fundador, el asesinado senador Jaime Guzmán”.

Una cuestión interesante es que el senador no repara en el tono humorístico de la sección del matinal. La sección del ‘Buenos Días a Todos’ es el resultado de la autonomía editorial del canal que busca socializar una discusión pública. A modo de la escuelita de ‘El Chavo del 8’, con invitados y conductores, se daba rienda suelta a bromas que expresaban barbaridades y argumentos racionales, a favor y en contra de la reforma constitucional en Chile. A vuelo de pájaro, se podría decir que los dichos representaban bastante el sentido común de los chilenos. Se bromeaba, argumentaba e informaba en un lenguaje coloquial y simple, como suele hacerse en este tipo de programas, haciendo que el humor no presentara el tema como una cuestión cerrada o conclusiva. En este sentido, podríamos decir que TVN buscaba abrir un debate por medio del humor más que cerrarlo a través de una cátedra de un constitucionalista de renombre, como esperaba el senador Larraín. Por esta razón, tal vez el problema radica, aquí, en la falta de sentido del humor.

Pero la molestia es extendida y alcanza a la línea editorial en su conjunto, el matinal es solo un ejemplo. Desde su punto de vista, dicha sección del matinal confirmaría la insidia con su partido político que puede ser identificada en otros programas de TVN. “Observamos una falta de equilibrio y de sesgos en la forma de informar de su noticiario y de programas políticos hacia nuestro partido, sus posiciones políticas y sus liderazgos” agrega.

Es Larraín y no un joven libertario anarquista quien expone sus argumentos en el programa político. Es el “cupo de su sector” en el programa ‘Estadio Nacional’ el que hizo posible que él alegara públicamente. La visión de la UDI está representada en el contenido informativo desde el momento que el senador UDI pudo hablar a través de la señal de TVN. Entonces, lo que en realidad el parlamentario espera es que los periodistas adopten posturas UDI o que al menos no sean críticos con ellos, sin entender que el pluralismo informativo implica un deber de juicio crítico desde la independencia.

Según Larraín, el tratamiento de algunos temas muestran una perspectiva reducida de la realidad, pero además –y este es el argumento de fondo– la línea editorial del canal no es pluralista al no representar ciertas perspectivas como las de la UDI en los temas políticos. En particular, la falta de pluralismo se expone en la inexistencia de algunas perspectivas políticas en la línea editorial del medio.

Es decir, el problema para Larraín es doble. Por un lado, las críticas a su tienda política parecen ser más duras que respecto a otros sectores políticos, pero también, por otro lado, esto es un síntoma de una debilidad mayor del canal público: la falta de pluralismo interno. Si Larraín tiene razón, el canal público violaría el espíritu de todo canal público, la “actitud de TVN es parcial, odiosa y poco respetuosa (…) que se contradice con el espíritu mismo de lo que debería ser el diálogo democrático en un canal como TVN, que aspira a ser de todos los chilenos”, sostiene el senador. Entonces, su tesis sería la siguiente: la línea editorial de TVN se ha ensañado con su partido, demostrando su falta de objetividad informativa y pluralismo interno.

Pluralismo, diversidad y libertad en los medios

¿Qué hay de cierto en los argumentos de Larraín? A lo menos habría que avanzar en dos cuestiones importantes, a saber, el concepto de pluralismo informativo y el rol de los medios públicos en los sistemas mediales.

Sin definir aquí el concepto, al menos cabe destacar algunos elementos necesarios para el pluralismo informativo, tales como la diversidad y la libertad en los medios de comunicación. El pluralismo informativo no es mera diversidad al interior de las líneas editoriales, como supone el senador Larraín. Primero, si hablamos de diversidad, habría que protestar también por la falta de diversidad de formatos, temas y realidades en los contenidos transmitidos. Pero lo segundo es que el pluralismo informativo que alega el parlamentario no se reduce solo a la diversidad. Entre otros elementos, el pluralismo también corresponde a condiciones estructurales como un conjunto de garantías que toman cuerpo en la libertad de prensa, la independencia editorial y la autonomía de los medios respecto de presiones económicas o políticas. Aunque no le parezca, la mayor garantía que tiene la ciudadanía de tener lo que él llama “información objetiva”, es asegurar la independencia y la autonomía de los medios de comunicación. Las presiones del senador al canal público van precisamente en dirección opuesta.

Efectivamente, el canal público debiera, siguiendo a Larraín, “reflejar a Chile en toda su diversidad, por lo que sus contenidos, programación y conductas deben estar orientados a representar en forma pluralista las realidades presentes en cada rincón de nuestro país”. Esta es una de las exigencias para un canal público. Por lo que la pregunta sería: ¿cómo seleccionar el conjunto de visiones que van a ser representadas en un medio público? En este caso, las cuestiones fundamentales para un canal público es contar con un gobierno corporativo pluralista que responda a diferentes sectores de la sociedad. En cuyo caso, el problema ya no es una periodista puntual, como se ha dicho respecto de la conductora de ‘Estado Nacional’, Andrea Arístegui, como tampoco una cuestión de pluralismo interno, como podría decirse respecto del tratamiento periodístico, sino más bien se trataría de una cuestión más estructural que Larraín no termina de advertir.

¿Cómo representar las diferentes realidades de la sociedad chilena? Ciertamente en la actualidad las visiones expuestas en los programas políticos de varios medios televisivos es poco pluralista, pero esto no resulta en contra de la UDI sino en contra de otras perspectivas de la sociedad. Los programas políticos siguen estructurados binominalmente, sobrerrepresentando algunas miradas, subvalorando unas y excluyendo a otras de los contenidos informativos. Mientras que Larraín alega que la visión de la UDI no es incluida en la línea editorial del medio, la misma transmisión del programa demuestra lo equívoco de su crítica.

Es Larraín y no un joven libertario anarquista quien expone sus argumentos en el programa político. Es el “cupo de su sector” en el programa ‘Estadio Nacional’ el que hizo posible que él alegara públicamente. La visión de la UDI está representada en el contenido informativo desde el momento que el senador UDI pudo hablar a través de la señal de TVN. Entonces, lo que en realidad el parlamentario espera es que los periodistas adopten posturas UDI o que al menos no sean críticos con ellos, sin entender que el pluralismo informativo implica un deber de juicio crítico desde la independencia.

Por lo tanto, el senador Hernán Larraín se equivoca. No en invocar el pluralismo informativo como valor, sino en invocarlo interesadamente con el fin de defender a ultranza a su partido político. Si la preocupación respecto del pluralismo informativo fuese cierta, deberíamos ver a una UDI que luche por desconcentrar el control y la propiedad de los medios en Chile, deberíamos ver un senador Larraín que luche por paneles políticos donde se incorpore a panelistas que no provengan de dos bloques políticos que ya poco representan a la sociedad chilena. Deberíamos ver a una derecha empecinada por que la ciudadanía participe más fuertemente en los medios del Estado y que desde la sociedad civil emerjan más medios independientes. No obstante, seguimos viendo en sus alegatos una defensa corporativa de sectores particulares como la UDI, ocultos en la retórica de valores universales como el pluralismo en los medios.