Artes y letras: el avance de la industria cultural en Chile

Artes y letras: el avance de la industria cultural en Chile

*Publicada 2008, Artefacto. Revista de Crítica política y cultural, Nº 12, año 4, Santiago de Chile, 2008, pp. 3.

El paisaje cultural en Chile está atravesando un proceso de canibalización. Dentro del campo cultural, el ámbito de las artes –literatura, teatro, música, plástica y video- puede caracterizarse durante estos años por una división entre, por un lado, la «industria cultural», consistente en los medios que operan para el «mercado de mensajes» (como la televisión, radio, industria editorial y discográfica) y, por otro, una «cultura no-oficial», que funciona entorno a circuitos comunitarios, asumiendo una expresión marginal, y en medios no comerciales y autogestionados. Esta diferenciación, aunque útil por su valor explicativo, no logra aprehender la que sucede en la realidad nacional. Lo cierto es, que ambas lógicas operan de manera simbiótica y coordinada, donde muchas veces lo no-oficial pasa a ser la punta de lanza en el avance de la industria cultural o, por el contrario, donde los grandes productos industriales (como los personajes famosos de canales de televisión) quedan en el suelo como desechos o insumos ya exprimidos hasta la sequedad. «Lo alternativo» no es más diferencia, sino moda y repetición. No es que se haya desarrollado algún dispositivo de réplica o resistencia a la cultura de masas, sino más bien, se han formado conglomerados de «aficionados» que, si es que llegaran a mostrar un rasgo de singularidad u originalidad, serían cooptados por «cazadores de talento».

En el caso de los libros y la literatura, el circuito latinoamericano se encuentra, por un frente, a la dictadura editorial barcelonesa y, por otro, al avance de seriales de televisión de larga duración; en otras palabras, están frente a la espada y la pared. Luego de la nueva narrativa chilena, donde la literatura era parte de la cultura pop, se ha dejado espacio a grandes seriales de televisión (principalmente de televisión por cable) que cautivan adictivamente con una múltiple gama de personajes y sub-tramas. Junto con ello, si no se logra publicar en una casa editorial española, la literatura no garantiza su éxito frente a los lectores. El libro y el modelo de cultura que éste representa, parecen ceder frente al avance de los productos mediáticos, a menos que logre reinventarse y posicionarse de manera diferente a la «alta cultura» con la cual se enlaza.

Asimismo, ya con la llegada de la dictadura militar el teatro sufre un gran retraimiento en el campo universitario, perdiendo su calidad experimental que hasta ese entonces lo distinguía. El surgimiento de un «teatro comercial» acompañado del género televisivo de la telenovela se contrapone a otra forma de cultivo de las artes escénicas. El contrapunto de la industrialización del teatro en dictadura, fueron las variantes en el teatro profesional independiente (estilo ICTUS) y los de corte aficionado como el teatro «popular». Es el primero de estos (profesional independiente), el que alcanza una estabilidad, aunque precaria, dentro de las artes escénicas. De hecho, es el nicho en donde se insertan los distintos actores exiliados con el fin de acomodarse nuevamente en el ambiente artístico post-autoritarismo ya institucionalizado gracias a pequeñas subvenciones por parte del Estado. De esta manera, si bien existe un aumento del público asistente al teatro, ésta se debe principalmente al crecimiento de casas de estudios que imparten la carrera a niveles masivos y a la sofisticación de los eventos, con artistas reconocidos o temáticas estereotipadas. Así desde la creación teatral y cultivo de la cultura se llega hasta la formalización de una producción escénica y consumo cultural.

En el ámbito de la plástica no es muy distinto al anterior. El consumo cultural comprendido, en este caso, como asistencia a exposiciones de artes visuales claramente ha aumentado. Desde la década del 80 la plástica es acompañada por el surgimiento de instituciones privadas que fomentan e instrumentalizan las artes visuales. Dentro de ellas podemos contar con la presencia de grandes corporaciones como CCU, Telefónica, Bank Boston y Chiletabacos, quienes han contado con programas de fomento a las artes, principalmente visuales. La plástica se trenza con la publicidad y con ello el fortalecimiento de galerías en lugares «top» del barrio alto. La publicidad y la instrumentalización corporativa son las piezas que sustentan el avance de galerías de arte que ofertan obras dirigidas a un público segmentado y previamente evaluado. Sin embargo, hay que mencionarlo, aún se tiene a los museos, como plataformas ya tradicionales dentro del mundo artístico, y ciertas galerías del ambiente no-oficial que podrían desarrollarse.

En cuanto a la música el cambio ha sido radical. Ya desde el siglo XIX la música representaba uno de los factores más importantes dentro del campo cultural. No obstante, si bien antes la práctica musical, es decir, cantar y tocar la música, era una necesidad para el cultivo de música; ahora se entiende bajo la suma de descargas vía Internet, la recepción radial, asistencia a eventos masivos o compras de discos compactos. La música, entendida como creación musical, viene siendo caníbalizada por la industria discográfica, y ésta por las redes de ordenadores «peer to peer» de Internet. Así, en la actualidad, hablar del público de música implica hablar de un público recluido en su hogar reproduciendo música en su computador o mini-componente; recluyendo a lo excepcional la creación y práctica musical.
Al parecer la institucionalización de un cierto modelo de producción cultural, acompañado de ciertos dispositivos de mercado que moldean las relaciones que ocurren dentro de lo cultural, son los ingredientes del circuito cultural en Chile. El avance tecnológico, entonces, comienza a fundirse en una sola pieza con la cultura, orientado, por supuesto, a un tipo de sociedad del espectáculo y la farándula. El carácter transversal que se encuentra es la producción cultural, salvaguardada por el marketing y la publicidad, dota de cierta profundidad en el imaginario colectivo. En la actualidad, por lo tanto, conviene hablar de producción cultural. De «producción», «consumo» y «mercado» cultural, donde la totalidad de productos artísticos se enmarca con mayor seguridad. Pero, ¿acaso no existe alguna exterioridad cultural a esto que hemos llamado «industria cultural»? Existe, pero no a los ojos de muchos o de manera directa y por imágenes (como sucede en el mercado de mensajes) sino que camuflada, mimetizada en otros ámbitos, como la vida cotidiana y las fiestas, por ejemplo. Así, la creación artística y el cultivo de la cultura que se podrían situar fuera de este aparataje industrial, es invisible a los ojos de la industria, pues de lo contrario serían cooptados por los mencionados «cazadores de talentos», quienes ya tienen aminorado su trabajo gracias al valor agregado de la fama y del estatus de ser conocido.

Por lo tanto existe una forma de cultivar la cultura, ya no mediante las cámaras de TV y asociaciones económicas, sino a través de una lucha por la cultura fuera de la industria masiva y el mercado de mensajes, enfrentada a nosotros mismos, en el quehacer diario, en el arte mismo de vivir. Esta política de vida, completamente distinta a la del artista-oferente de cuño industrial, se propone una reacción en cadena en contra de, por un lado, los artistas de su tiempo ligados con la diversión y la sociedad del espectáculo y, por otro lado, en contra de sí mismo intentando negar las tentaciones de la maquinaria cultural y a la vez auto-criticándose con el fin de ser novedoso en su creación. Ulteriormente al disciplinamiento cultural ocurrido bajo el régimen autoritario, la fragmentación cultural manifestada en la especificación de la especificación de las prácticas artísticas (por ello la falta de artistas integrales que transitan entre los distintos ámbitos de la artes), entronca como columna vertebral de la cultura chilena actual. Es solo el espíritu del artista, que busca la creación y no la (re)producción del arte, quien puede ubicarse como una excepción frente a la regla de la industria.

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