Apropósito de la salud pública en Chile

Apropósito de la salud pública en Chile

*Publicada 24 de Abril 2012, Ballotage. Revista de Opinión Pública ISSN0719-0212

Con la denuncia del brote epidémico de la bacteria Clostridium Difficile en la Posta Central —y, luego, de una segunda bacteria— comenzó una historia en la cual participaron el ministro Mañalich, diputados de la oposición, médicos del hospital y hasta los familiares de Daniel Zamudio, coronándose con el cierre la unidad de quemados. La opción del gobierno fue bajarle el perfil a los gritos de la oposición y asegurar que la bacteria es común en el organismo y que no produce la muerte. El cierre del servicio fue una orden de las autoridades de la unidad asistencial, pero fue una medida momentánea al ser, 4 horas después, determinada su reapertura por el Minsal y así poner término a la “alharaca”. La disputa entre los médicos del hospital y el ministerio de Salud apareció como una lucha por la objetividad. Mientras que los primeros criticaban la “pseudotranquilidad” de las autoridades de gobierno  al no basarse en la realidad, los segundos apelaban a su neutralidad sustentada en estadísticas regionales en materia de salud y respondiendo con críticas a los diputados que apoyaron a los profesionales de la Posta Central por el nexo que establecieron con la muerte de Daniel Zamudio. Unos no eran neutrales porque no deseaban “alarmar a la gente” para mantener la imagen de “buen gobierno”, otros perdían objetividad al ser instrumentalizados por la oposición para obtener mayores créditos políticos. Detrás de las pretensiones de neutralidad se esconde una posición política.

¿Porqué cuidar la imagen de la salud chilena en la opinión pública? La salud entendida como bien colectivo cruza el nivel más denso del tejido social. Ya con la ilustración, aunque podría rastrearse más atrás, la vida humana se entrona como sagrada, destinada a resguardarse frente a los peligros. También esta idea está en los cimientos de la sociedad chilena. Deseamos un médico por televisión, comprar alimentos saludables, consumir sustancias naturales y una farmacia en cada esquina para mantenernos sanos. Asimismo, esta condición logra reflejarse fácilmente en las desigualdades de la sociedad chilena. Por más que el gobierno se compare con la región, los índices del club de países desarrollados al cual pertenecemos nos complica el panorama. Según la OCDE deberíamos tener 1 médico por cada 400 habitantes, pero en muchas localidades tenemos uno cada 890. La magnitud se expone toda vez que comunas ricas como Las Condes o Vitacura tienen 1 médico por cada 100 personas. Primero, las comunas con mejores ingresos tienen mejores índices de salud. Segundo, quienes tienen mayor capacidad de pago tienen salud de calidad. Esto se corrobora en las cifras: el 80% de los chilenos se atienden en el sistema de salud pública y ésta cuenta con bajos niveles de calidad en comparación al sector privado. Si los sueldos son los que mandan, los buenos médicos se trasladan al ámbito privado. Así, más allá de las cuestiones técnicas y científicas, lo cierto es que los alegatos de los trabajadores del hospital se dirigían a develar la precariedad de la situación de los hospitales públicos. Detrás del tildado “alarmismo” se decía: “trabajamos con bajos sueldos, precarias condiciones técnicas y con una gran demanda de pacientes”.

En un par de horas, personas aparecían en el frontis de la Posta Central gritando por sus derechos, por la muerte de uno de sus seres queridos o por un familiar enfermo. La denuncia se convirtió en escándalo y éste en “alharaca”. ¿Y cómo no? ¿Cómo no colgarse de este caso para reivindicar un derecho universal como es el de la salud? ¿Cómo no aprovechar de criticar al Estado y al gobierno de turno por la inequidad y mala calidad de la salud chilena? Una simple bacteria le hizo más difícil una semana al gobierno, pero puede ser más que eso. Una bacteria que puede calar hondo y que expone un tema pendiente: la salud en Chile no es muy buena y parece ser un factor estratégico tanto para las luchas sociales como para un gobierno que pretenda mejorar cualitativamente la situación del país. Una bacteria que expone una suerte de patología social, una desigualdad en la distribución de la salud en términos de profesionales, calidad de servicio y cobertura de enfermedades. Puede que este tema se agote muy pronto, como suelen hacerlo muchos otros temas en el debate público, pero puede también que se engarce con las deficiencias de otros hospitales, con los alegatos de otros enfermos o con los desaciertos del ministro. Cualquiera sea el caso, es algo de lo cual hay que hacerse cargo.

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